Historia de dos escuelas

Desde que empezamos a idear este viaje supimos que cabrían en él algo más que comidas picantes y monumentos exóticos. Tanto tiempo de viaje da para experiencias muy diversas. Una de nuestras primeras ideas fue la de visitar proyectos interesantes de los que habíamos oído hablar, amén de otros que nos fuésemos encontrando por el camino. Como puede esperarse de nosotros, la mayor parte de dichos proyectos son educativos.

Ya hemos estado en dos de los que más ganas teníamos de visitar. Y en ambos casos hemos salido sin palabras, sinceramente impresionados por el trabajo que hacen allí. Ya mencionamos lateralmente Riverside School, principal motivo de nuestra parada en Ahmedabad. El segundo nos llevó a hacer una breve parada en Tilonia antes de llegar a Pushkar, para conocer el mítico Barefoot College.

Les dedicamos pues unas líneas aquí, para intentar contagiar algo del entusiasmo que nos han transmitido.

Riverside School

Imagina un lugar apartado, tranquilo, limpio, colorido, con muchos árboles. (Tan tranquilo y tan limpio, en realidad, que por un momento parece que no estás en la India.) Comenzó hace quince años en una cabaña reconvertida en clase. Más tarde, cuando se construyó el edificio actual, los alumnos se citaban a menudo con el arquitecto para aportar ideas. Significativamente, cuando llegas allí son dos alumnos de siete u ocho años los que te hacen un recorrido por la escuela.

Imagina que los alumnos pasan un 40% del tiempo fuera de clase. Hasta los catorce años siguen su propio currículo y no hacen exámenes. Trabajan, digamos, “por proyectos”, que nunca he sabido muy bien qué significa, pero que me imagino se puede aplicar aquí. Un ejemplo práctico: un grupo de alumnos trabajó con el ayuntamiento de la ciudad en el diseño de nuevos parques municipales.

Imagina, de hecho, una iniciativa para recuperar espacios de la ciudad para los niños (las ciudades indias no son nada amigables en este sentido). De entrada, consiguieron que una vez al mes corten algunas calles al tráfico por unas horas, durante las cuales hacen actividades, juegos, representaciones. Ahora están batallando para conseguir zonas donde poder montar en bici de forma segura.

Si salimos de Riverside y de Ahmedabad, imagina ahora a niños decidiendo enseñar a leer y escribir a sus padres analfabetos. U organizando colectas para ayudar a gente de los slums a guarecerse de la lluvia. O manifestándose contra el feticidio femenino. La lista es interminable, lleva años creciendo por todo el mundo.

Riverside School (Ahmedabad)

Kiran Bir Sethi no se dedicaba a la enseñanza, pero cuando su hijo empezó a ir a la escuela tuvo claro que aquello no funcionaba. No ya porque aprendiera más o menos, sino porque, según ella, le anulaban su capacidad de elección, su autonomía y, por tanto, su confianza en sus propias decisiones. En ese momento tomó una decisión audaz, y creó Riverside School. Quince años después, tienen unos 400 alumnos, y las pruebas estándar los sitúan entre las diez mejores escuelas del país.

Espoleados por el buen resultado de sus ideas, decidieron exportarlas de alguna manera a otros colegios en India y en otros países. Hace seis años iniciaron el proyecto Design for Change, que trata de contagiar sus ideas a niños de todo el mundo. Anualmente organizan un concurso anual que pretende convertir a todos los participantes en agentes de cambio real en sus respectivos entornos.

Todo esto está sucediendo porque alguien imaginó qué pasaría si, por una vez, no les dijéramos a los niños “haz caso a tu profesor” o “tienes que estudiar esto”. Imaginó que les preguntásemos qué quieren cambiar en su mundo, y que les diésemos las herramientas, y la confianza, para hacerlo. Que les contagiáramos la idea de que, si quieren, pueden cambiar el mundo en el que viven. Lo que su fundadora llama el “I CAN bug” …

Riverside School (Ahmedabad)

Barefoot College

Imagina ahora el lugar más improbable sobre la faz de la Tierra. Un tren que para en mitad de la nada (por no haber no hay ni andén como tal), una tierra llana y árida, unas pocas casas que apenas cabe llamar pueblo, gente de campo, ganado. Imagina un camino de tierra, un letrero destartalado al fondo: “Barefoot College of Tilonia”. Unos edificios viejos, un aire de desolación.

Imagina ahora que allí acuden a diario decenas de personas de todas las edades para aprender todo tipo de habilidades. Los niños de la zona tienen allí su escuela (como muchos ayudan en el campo, tienen también un turno de noche). Hay adolescentes y jóvenes de la zona aprendiendo oficios diversos. Hay gente de lugares más lejanos, que se hospedan allí durante semanas o meses. Muchos de los profesores nunca fueron a la escuela.

Imagina que han rescatado y renovado un sistema antiguamente usado en la zona para conseguir agua sin depender de ayuda externa. Todos los edificios están preparados para recoger, filtrar y almacenar toda el agua que descargan los monzones. En una región de lluvias escasas y muy concentradas, hace décadas que no tienen problemas de abastecimiento de agua.

Imagina que preparan toda su comida con cocinas solares, espejos parabólicos enormes y precisos construidos por mujeres sin formación previa. Y que no solo toda su electricidad proviene de paneles solares, sino que llevan años enseñando también a mujeres a hacer instalaciones similares. No solo de la India, sino de zonas rurales de todo el mundo, sin idioma en común y en seis meses. Mujeres que han vuelto a sus lugares de origen y han alumbrado con energía solar pueblos sin esperanza de ser conectados a ninguna red centralizada. Mujeres capacitadas para enseñar a otras, extendiendo así la cadena.

Barefoot College (Tilonia)

Sanjit “Bunker” Roy decidió, hace ahora cuarenta años, abrir la primera universidad diseñada para los pobres de zonas rurales. Su enfoque intenta combinar los saberes tradicionales de estos lugares con la ciencia y la tecnología modernas, poniéndola en sus manos y desmitificándola. Su funcionamiento es radicalmente descentralizado y democrático, su vida en el campus austera e igualitaria.

Pasaron mucho tiempo remando en solitario, creciendo lentamente. Más recientemente, cierta notoriedad internacional les ha suministrado fondos para extender su alcance a otras zonas desfavorecidas. Ya cuentan con un centro hermano en África, y tienen previsto abrir varios más allí, además de otros en Sudamérica y las islas del Pacífico.

Roy habla hoy de las dificultades que tuvo con su familia tras abandonar una prometedora carrera en la élite por el trabajo en la más remota de las zonas rurales de Rajastán. Tampoco en el pueblo lo debieron creer en sus cabales. Unas décadas después, las solar mamas han llevado la luz eléctrica a rincones apartados de todo el mundo, de una manera autónoma y sostenible y poniendo en cuestión, además, roles de género.

Barefoot College (Tilonia)

Conocer estos proyectos de primera mano, estar allí, hablar con sus protagonistas, respirar su entusiasmo por lo que están haciendo, nos ha maravillado. Y lo ha hecho porque, dados sus precarios orígenes, su éxito parece casi milagroso. Tanto Sethi como Roy fueron, seguramente, tomados por locos por más de uno. Pero ambos, partiendo apenas de su convicción en sus ideas, han conseguido hacer realidad sus respectivos proyectos. Como además éstos nos parecen acertados y oportunísimos, nuestras visitas a ambos lugares nos han brindado dos de las experiencias más enriquecedoras de este viaje.

Efectivamente, dejarse contagiar por el “I CAN bug” puede tener efectos poderosos…