Jaipur: volviendo a la gran ciudad

23 días después de dejar Ahmedabad llegamos a Jaipur. 23 días recorriendo pequeñas ciudades. 23 días en la India pequeñita. Con sus más 3 millones de habitantes hemos de reconocer que veníamos preparados para lo peor. Para ver millones de transportes contaminantes, para quedarnos sordos con las bocinas, para desesperarnos al no poder caminar sin temer que nos atropelle nadie. Tan temerosos veníamos que decidimos estar aquí 3 días y salir pitando… Por supuesto, cuando crees que ya conoces algo de la India, ésta vuelve a sorprenderte.

No sabemos si nos hemos acostumbrado al ruido, a la forma de conducir, a la suciedad… pero Jaipur nos pareció más limpia que la media, moderadamente ruidosa (podíamos aguantarlo perfectamente) e ¡incluso los motoristas llevaban casco! Por unas razones o por otras, nos llevamos un buen recuerdo de esta ciudad donde hemos alternado actividades más turísticas con otras no tanto, como viene siendo ya habitual en nosotros.

Los dos primeros días lo dedicamos a la Jaipur turística, a la Ciudad Rosa, nombre que recibe debido al color de sus edificios. Fundada en el siglo XVIII por el maharajá Jai Singh II, es la primera ciudad planificada del norte de la India, como ponen de manifiesto sus cuadriculadas calles.

El centro es un bazar enorme con millones de tiendecillas, donde cada calle o zona es ocupada por un oficio diferente. Así podemos encontrarnos la calle de los joyeros, de la ropa, de los saris… El día que paseamos por allí era domingo y, curiosamente, la gran mayoría de los comercios se hallaban cerrados. Y digo curiosamente porque aquí la costumbre de cerrar los domingos no se lleva mucho. A pesar de que no vimos el bazar en todo su esplendor, en el fondo nos alegramos de que abracen esta costumbre. Por supuesto, esta circunstancia implicó que nuestro paseo por esta zona fuera bastante tranquilo, lejos del caos que probablemente haya en un día normal.

Bazar visto por la ventana (Jaipur)

Además de este enorme bazar, Jaipur tiene un legado histórico muy importante. El palacio de la ciudad, el edificio Hawa Mawal o el magnífico fuerte de Amber son algunas de sus muchas atracciones. Nosotros, debido a nuestro reducido presupuesto, nos limitamos a visitar el Hawa Mawal y el fuerte de Amber. El Hawa Mawal es un edificio famoso principalmente por su llamativa fachada, y desde el que se tienen unas impresionantes vistas de todo Jaipur. El fuerte de Amber, situado a 11 km, es en realidad el antiguo complejo palaciego donde vivía Jai Singh II antes de que la ciudad de Amber se le quedara pequeña. Visita obligada de Jaipur, el fuerte no defrauda con sus magníficos patios y salas y las bellas vistas de los alrededores.

Fuerte de Amber

Después de tanto turismo y pateo (acompañado por los mejores lassis que hayamos probado hasta ahora), necesitábamos algo diferente, así que el último día visitamos una ONG educativa en un slum. Su nombre, Saksham, es una palabra hindi que significa “capaz”. Visitamos los distintos centros en los que imparten clases a niños y adultos, y asistimos a una clase de alfabetización para mujeres. La historia de cómo surgió esta ONG es sencilla: su fundador Nitin creció en las cercanías del slum, de tal forma que siendo pequeño jugaba con algunos de los niños que allí vivían. Años después, al volver a retomar el contacto con algunos, constató las grandes diferencias entre su vida y la de ellos. Convencido como estaba de que merecían algo más, hace 4 años decidió cambiar las cosas. Desde entonces tiene ya cuatro centros distintos donde mujeres del propio slum dan clases a los niños, y un centro donde enseñan a mujeres a leer, escribir y algún oficio. Les dan la oportunidad, en definitiva, de empezar a creer en ellas mismas.

Mujer india (Jaipur)

Para rematar con ese algo distinto, acabamos el día con cine de Bollywood. El cine Raj Mandir, uno de los más importantes del país, con sus escalinatas, sus luces exageradas, su recargada decoración… es ostentoso como él solo. Es un pastelito de nata con extra de azúcar. Con su única sala a rebosar en cada sesión de cada día parece que volvamos atrás en el tiempo, en el que ir al cine era el acontecimiento del día. Tras esta primera impresión aún quedaban tres horas de película bollywoodiense (Shivaay, por si sentís curiosidad). Yo, que venía preparada para una sesión de baile tras otra, me llevé un pequeño chasco. Imaginaros la típica película americana de tío buenorro, escenas de acción rocambolescas y algo de romanticismo. Multiplicar eso por diez y quizás os hagáis una idea de lo que vimos. No hizo falta ni entender una palabra de hindi para saber qué estaba pasando. Pero no os equivoquéis, venir aquí es toda una experiencia, es realmente divertido. Porque, en realidad, lo mejor no fue la música o lo exagerado de todas las escenas. Lo mejor fue el público que, con sus gritos, chillidos y silbidos en cada heroicidad de nuestro actor buenorro amenizaron las 3 horas de velada. La verdad es que fue muy curioso observar las diferencias con nuestra forma más seria de ver una película. Definitivamente aquí el cine es puro entretenimiento donde los espectadores disfrutan como auténticos niños pequeños.

Cine Raj Mandir (Jaipur)

Así pues, en contraste con nuestras expectativas y lo que habíamos leído sobre esta ciudad, Jaipur nos ha gustado y nos ha permitido vivir experiencias diversas. Este contraste nos llevó a pensar en lo mucho que ha cambiado nuestra percepción de la India desde que llegamos a Bombay, sin siquiera darnos cuenta. Nos hizo reflexionar en que lo que vivimos en cada ciudad depende del momento, día, persona, estado de ánimo, etc. En que una misma ciudad puede parecer dos mundos opuestos, dependiendo del cristal con que lo miremos, de lo que hayamos vivido hasta entonces.