¿Por qué un solo paso?

Hace unos seis meses, cuando tomamos por fin la decisión de coger la mochila e irnos, nos regalaron el maravilloso libro La India por dentro, de Álvaro Enterría. Como dedicatoria aparece la famosa frase El viaje de mil millas comienza por un solo paso. Podemos decir que con ese libro y con esa dedicatoria este sueño empezó a hacerse real y, en parte, por eso da título a nuestro blog. Pero para nosotros esta frase atribuida a Lao Tse significa mucho más. Esta frase nos transporta a los inicios de esta aventura, a nuestro verdadero primer paso.

Para llegar adonde estamos ahora hemos dado, en realidad, muchos pasos, la mayoría sin apenas darnos cuenta. Hablo de libros o películas que nos marcaron, de días que soñábamos despiertos… Momentos y detalles insignificantes que sólo con el tiempo han mostrado su verdadera importancia. Quiero compartir aquí uno de esos momentos, un solo paso que impulsó este proyecto y tras el cual no pudimos volver atrás.

Y es que toda gran aventura, ya sea un viaje o cualquier otra locura, suele ser al principio un sueño, una voz que procuramos callar en nuestro día a día. Al fin y al cabo, es imposible, ¿no? Y sin embargo llega un día o cierta alineación de planetas, llegas al nirvana, te pica un bicho, te has tomado unas copas de más… en definitiva, se te han cruzado los cables. Y comienzas a preguntarte: ¿y por qué no?

Ese instante, ese primer paso en este viaje de mil millas… lo dimos hace dos años en un lugar perdido de la Sierra del Montsec.

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Allí pasamos 10 días casi incomunicados con el mundo exterior, en compañía de otras personas desconocidas hasta entonces, pero que dejaron una huella que aún sentimos. Limpiando caminos, cantando y tocando la guitarra, haciendo pan y un bizcocho incomible, moldeando barro, haciendo yoga… y por supuesto dialogando sobre el mundo, sobre nuestras vidas. Aquella experiencia nos brindó un tiempo y lugar que permitieron que nos conociésemos un poco más. Abrimos la mente y el corazón y pudimos escucharnos a nosotros mismos. Hay tanto silencio en estos lugares remotos…

En esos momentos estábamos inmersos en preguntas sobre nosotros, en si seguir o no con lo que hasta ahora habíamos elegido. Una noche cualquiera, conversando largamente sobre nuestra vida, una chica nos preguntó directamente: Si pudieses hacer cualquier cosa, lo que quisieras, ahora mismo, ¿qué sería? La respuesta fue sincera, directa y sin dudas:

Coger una mochila y viajar por el mundo.

Aquella pregunta y aquella respuesta nos han perseguido desde entonces. Comenzó un viaje que nos llevó a leer y a descubrir otros lugares a través de los ojos de gente que ya cumplía ese sueño. Gente de toda condición y edad, solos o en familia, que un buen día cogieron unas pocas pertenencias y se marcharon. Gente que demuestra día a día que el límite está en una misma. Fue un viaje en el que nos cuestionamos todo lo que hacíamos y por qué, en el que nos obligamos a repensar qué queríamos, para finalmente preguntarnos por qué no hacerlo… nosotros también.

Aquel sueño hoy se está haciendo realidad.

No podíamos irnos, pues, sin dedicar un post a Ipcena, los organizadores de aquel campo de trabajo, y a todos aquellos que nos acompañaron en esos 10 inolvidables días.