Tierra de turbantes

Amritsar tiene cierto aire característico, se respira en ella un ambiente algo distinto al de otras ciudades de la India. No es solo el amplio paseo peatonal que están haciendo en el centro, concepto extremadamente novedoso aquí. No es solo su limpieza relativa. Hay algo más, y es evidente nada más aterrizar: casi todos los hombres en esta ciudad llevan un peculiar turbante. Tú quizás aún no te hayas dado cuenta, pero llevan también una pequeña daga amarrada a la cintura. ¡Hemos llegado a Amritsar, el hogar de los sij!

El Templo Dorado

El Harmandir Sahib, para los profanos el Templo Dorado, es un lugar difícil de olvidar. El templo en sí es muy pequeñito, pero recargado y ostentoso. En el entorno en el que está construido, sin embargo, flotando en mitad de un amplio estanque cuadrado, rodeado de blancos edificios de mármol, la ostentación queda como diluida. El ambiente, aun a pesar de que lo visita bastante gente, se presta al recogimiento. Uno siente la hospitalidad de esta gente que, una vez descalzos y lavados los pies, y con la cabeza cubierta, abre sus puertas a todo el mundo.

Lo de la hospitalidad no es una forma de hablar. En uno de los laterales hay un gigantesco comedor, el langar, en el que dan de comer a todo aquél que entra por la puerta. Práctica establecida ya en los comienzos de esta singular religión, sorprende aún más por esto mismo: lo de las castas en la India del siglo XVI no debía de ser cualquier cosa. Comer allí, sentado al suelo sobre largas esteras, con esos señores con turbante dando vueltas echando cazos de lentejas por doquier, es toda una experiencia. Un poco más allá, justo saliendo del recinto principal, dan cama también gratuitamente a todo aquel que la pide.

El sijismo es una religión relativamente reciente. Sus practicantes predican cosas bonitas, la igualdad del género humano, la hermandad por encima de barreras religiosas, la hospitalidad o la ayuda desinteresada al prójimo. Y como todas las religiones, supongo, mantienen tenazmente costumbres, cuanto menos, pintorescas: no se cortan el pelo ni la barba, llevan siempre el mencionado turbante (y un peine, claro, escondido dentro) y van siempre armados con una daga. A algunos se les debe quedar pequeña, porque la ciudad está llena de tiendas de espadas y sables. (Prometo que vi a un sij paseando despreocupadamente por la calle leyendo el periódico, portando un sable del tamaño del periódico.)

El Templo Dorado es uno de esos lugares en los que merece la pena simplemente sentarse durante largo rato. Observar el lugar y a la gente con sus rezos y sus baños purificadores; escuchar la música que como una letanía suena durante todo el día; leer o pensar en cosas profundas o superficiales. Simplemente estar y dejarse empapar por la atmósfera del lugar.

Templo Dorado (Amritsar)

El jardín Jallianwala

El Jallianwala Bagh no es más que un parque. Puede ser un lugar perfecto para escapar del típico bullicio de las ciudades indias, descansar, leer o comerse una manzana. Es agradable, tranquilo, bonito como todos los parques. Pero esconde algo más. Allá al fondo encontramos unas paredes de ladrillo, de casas aledañas, pintadas con irregulares cuadrados blancos. Los cuadrados señalan agujeros en las paredes. Agujeros de bala…

En abril de 1919, miles de personas se habían congregado aquí para celebrar Baishaki, una festividad sij. El Punjab había sido durante años uno de los focos más activos en la resistencia antibritánica, y ese mismo día entró en vigor una norma contra las reuniones no autorizadas. El coronel Dyer se dirigió con las tropas a este lugar de escasos y estrechos accesos (toda una ratonera), y dispararon durante diez minutos sobre la multitud desarmada. Cientos de personas murieron allí aquél día. Para el que quiera hacerse una remota idea de lo que pudo ser aquello, la película Gandhi ofrece una reconstrucción dura y explícita.

La masacre de Jallianwala fue uno de los puntos de inflexión en la lucha de la India por la independencia, que todavía tardaría en llegar. La brutalidad gratuita de este acto dejó al Imperio Británico en una posición incómoda. Gandhi inició el año siguiente el movimiento de no cooperación, que llamaba a boicotear productos e instituciones británicos, rechazar los empleos públicos, no pagar impuestos, etc. El movimiento obstinadamente no violento que consiguió, tras muchas idas y venidas, acabar con el dominio británico sobre la India.

Estar en este parque es, por todo esto, más que estar en un parque, descansando o leyendo o comiéndose una manzana. Es ser testigo, sea indirecto y lejano, de hechos terribles que cayeron como balas sobre cientos o miles de personas; y que inspiraron la lucha, mayormente pacífica, de otros muchos millones. Es dejar que el débil eco de aquel momento te alcance.

Jallianwala Bagh (Amritsar)

Hay lugares cuyo significado va mucho más allá de ellos mismos. Sea por las creencias o ideales que los levantaron, por las gentes que allí vivieron, por los hechos que allí ocurrieron. Aquí en Amritsar me ha ocurrido un poco eso: estos rincones, modestamente bellos de por sí, te pueden transportar mucho más lejos en el tiempo. Te pueden conmover más allá de lo razonable a simple vista. Te pueden llevar a reflexiones sin fin sobre las maravillas y horrores de nuestro mundo y de nuestra historia.