Varanasi enamora

Nepal ha sido tranquilidad y paz, esa tan especial que sólo da la montaña, ese silencio tan necesario para nosotros. Han sido paseos y lectura con un poco de trabajo de campo. Nos olvidamos de las grandes y ruidosas ciudades, de hecho sólo quisimos pasar dos días en Katmandú. Echando la vista atrás vemos como los planes han salido según lo planeado y esos contratiempos e imprevistos tan característicos de la India no han ocurrido.

Tras este mes en Nepal volvemos a la India, al caos. Como os podéis imaginar, en este nuevo cruce de fronteras (mucho menos traumático que el anterior), no podíamos evitar preguntarnos cómo afrontaríamos este regreso al caos, ruido, suciedad, y todo eso que hace la India tan difícil para el viajero occidental. Si a esto le añadimos que íbamos a Varanasi, una de las ciudades más turísticas de la India (con lo que eso supone en cuanto a richshaws y vendedores pesados), tenemos un conjunto bastante explosivo. Pero…

Varanasi

Varanasi es constatar que la magia de la India es su gente. Es ver costumbres y vestimentas de otro mundo, es ver creencias y ritos totalmente diferentes a los tuyos. Es una ciudad turística pero no por sus monumentos, no por la locura de algún rico. Vas a ver vida. Y eso, enamora.

Barquero (Varanasi)

Varanasi es el Ganges y los ghats. Es pasear por ellos y maravillarse de la frenética actividad que se respira desde el amanecer al anochecer: el baño en el Ganges al salir el sol, algunos ejercicios matutinos, gente lavando y tendiendo la ropa, niños volando cometas o jugando al criquet, sadhus posando para fotos, pujas en el río, gente tomando un chai, barberos afeitando, rezos delante de algún mini templito, el Ganga Aarti en todo su esplendor al anochecer… Te enamoras porque siempre hay algo nuevo que vivir.

Tendiendo en el ghat (Varanasi)

Varanasi es una de las ciudades más importantes del hinduismo y esa vida religiosa también se respira. Son muy importantes, en concreto, sus rituales funerarios. Para un hindú ser incinerado aquí significa escapar del ciclo de reencarnaciones, y por ello todo hindú aspira a morir aquí. Como consecuencia, hay dos ghats crematorios trabajando las 24 horas del día todos los días del año. No soy capaz de explicar qué se siente al ver este ritual. Uno puede observar todo el proceso: cómo llegan llevados en parihuelas y envueltos en telas brillantes y de colores (y que puedes encontrarte en cualquier calle de la ciudad), cómo los meten el río, cómo colocan los kilos y kilos de leña necesaria (de diferentes tipos, según la casta, el dinero…), cómo lo encienden… Varanasi es observar también la muerte, tan inseparable de la vida. Y, aunque suene raro, ver esto también enamora.

Varanasi es también volver a ver mucha gente pidiendo, a niños trabajando. Esto no es ni será nunca fácil. Pero… siempre hay momentos mágicos, como una niña que se te acerca a hablar y a conocerte sin más. Y te cuenta algunos retazos de su vida, una vida que entiendes difícil y dura. Aun así su inocencia y ganas de únicamente saber de ti y pasar un rato contigo te hace feliz, te enamora.

Varanasi es también el lugar donde actúa la ONG española Semilla para el cambio. Esta ONG trabaja en uno de los barrios más deprimidos de Varanasi. Comenzó hace unos siete años por María Bodelón, una española que al visitar Varanasi y constatar las necesidades de muchos niños en los ghats decidió intentar darles una vida mejor. Empezó dando clases a 4 o 5 niños de los ghats, y hoy proporciona educación a más de 100 de los ghats y slums de Varanasi. En la actualidad tienen además otros proyectos como el sanitario y el trabajo con mujeres. Conocer de primera mano a esta pequeña ONG te llena de energía al ver todo lo que han conseguido en este tiempo. La pasión y fuerza de todos los que trabajan allí también nos ha enamorado.

ONG Semilla para el cambio

Pero si además eres aficionado a la fotografía, entonces probablemente Varanasi te robe el corazón. La Lonely Planet ya lo avisaba: Varanasi es muy fotogénica. Y si bien es cierto que allí hice muchas fotos, no me di cuenta de tantas hasta que las pasé al ordenador: ¡más de 400! Sí, me volví un poco loca. Pero entre la luz, los colores, el río, las barcas, la gente… no lo pude evitar. En cada rincón donde mirase veía algo que me cautivaba. Como quien se enamora e intenta por todos los medios guardar algo de ese ser para sí mismo.

Barca en el Ganges (Varanasi)

Por si aún no que ha quedado claro, me he enamorado de Varanasi. Paco me hablaba de esta ciudad como un lugar mágico al que teníamos que venir. Él ya se enamoró de ella en su primera visita. Porque Varanasi tiene algo especial que te atrapa, algo que hay vivir y sentir. Y por ello, estoy segura de que volveré, a sentarme en un ghat y sentir la vida pasar.